Avanzaba por las escaleras, no veía absolutamente nada pero seguía apuntando con la pistola al frente, cada escalón que bajaba tenía la sensación de que no iba a encontrar el suelo y caería al vacío, silencio absoluto, escuchaba los latidos de mi corazón y mi propia respiración que sin éxito intentaba acompasar a cada paso, empezaba a vislumbrar algo, mis ojos se estaban haciendo a la oscuridad, un poco más abajo estaba el final de las escaleras y había una doble puerta cerrada y de la que salía un poco de luz por debajo.
La ecuación era fácil, o había alguien o no lo había, y si había alguien, o estaba infectado o no, el problema no era ese, el problema es que si había alguien infectado me podía morder, y si había alguien no infectado me podía atacar pensando que yo era el infectado… Solo había una forma de descubrirlo, me acerqué lentamente, puse la mano en la manivela de la puerta y……………
…………………BBBAAAANNNNGG………………….
…………Abrí lentamente los ojos, estaba totalmente desconcertado, una luz cegadora que venía de arriba no me permitía ver donde me encontraba, ¿había muerto, este es el túnel del que habla la gente, donde coño estoy? Aparté la mirada hacia el lado y no había nada de celestial, me encontraba en un cuarto de aseo, tumbado hacía arriba con los dos brazos esposados por encima de la cabeza en el hierro del papel higiénico, cuando miré hacía abajo vi que alguien me había quitado la ropa y estaba únicamente en calzoncillos, de repente se escuchó un ruido, era la puerta del servicio, alguien entraba.
Cerré los ojos inmediatamente, noté su presencia, se arrodilló al lado de mi, estaba desenroscando algo, de repente noté que me tocaba la cara con algo blando, pegué un grito a la vez que abrí los ojos, sentía un escozor terrible en la cara en la zona donde me había tocado, empecé a verlo todo claro, había una mujer de unos 60 años que se había echado atrás tras es grito, y que salió de la habitación a continuación, era extremadamente delgada, con un pelo muy largo, liso y que se notaba que era un rubio de bote de muy mala calidad. Instantes después volvió a abrirse la puerta esta vez de forma violenta, no era la señora del pelo frito sino un tipo de unos 40 años que sin dilación me agarró del cuello y me incorporó apoyándome en la pared.
-Quien coño eres y que haces aquí- preguntó con pinta de tener muy poca paciencia.
-Yo solo huía, me perseguían por la calle, me encerraron y no tuve más remedio que entrar al bar- respondí rápidamente intentando convencerle con los ojos mientras por encima de su hombro pude ver a la mujer de antes que nos observaba como el chivato de clase que avisa al profesor.
El tipo inesperadamente me soltó, se giró hacia la mujer y le preguntó -¿Estás segura de que no le han mordido?-
-Completamente hijo, he revisado cada centímetro de su cuerpo.- respondió la mujer.
El tipo se volvió de nuevo hacia mí mientras rebuscaba en su bolsillo, era la llave de las esposas, mientras me soltaba y me dejaba al lado la ropa que la mujer había traído apresuradamente dijo – Siento lo de las esposas, bueno, y lo de el disparo también, entiende que pensaba que era uno de esos bichos y tenía que proteger lo que es mío.-
-¿Disparo, me has disparado?- dije asustado mientras me soltaba las esposas y me levantaba para mirarme al espejo en busca de la herida.
-Si, escuchamos que alguien cerro la cerradura de la puerta de arriba y bajaba lentamente, así que cuando vi la sombra a través de la puerta disparé, has tenido suerte muchacho, al atravesar la puerta, la bala perdió velocidad y solo te pasó rozando la cara, eso sí, los cristales que saltaron tras el impacto se te incrustaron por todo el cuerpo, menos mal que mi madre es buena costurera- Contaba el tipo como si estuviera describiendo la película que vio ayer mientras yo me miraba en el espejo y me cercioraba de que era cierto todo lo que me estaba contando.
-¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?- Pregunté mientras me vestía.
-Uff chico, pensé que no despertarías, llevas tumbado más de un día- dijo el tipo como si se lo estuviera pasando en grande.
-¿Podéis dejarme un momento a solas?- Pregunté mientras seguía revisando en el espejo cada uno de los cortes que tenía por todo el cuerpo.
-Claro chaval, tómate el tiempo que necesites, nosotros estaremos fuera, mamá prepara una sopa, el chico tiene que estar hambriento.- dijo mientras cerraba la puerta.
Poco a poco iba retornando a mi mismo, iba atando los cabos con la información que me había dado aquél tipo, estaba en el cuarto de baño del antro al que había bajado como única escapatoria y había sobrevivido de milagro, esa era mi situación, pero tenía que seguir analizando, me habían dado la ropa pero se habían llevado las esposas, la porra y la pistola, a la mujer no la había visto nunca, al tipo si lo había visto en varias ocasiones por la ventana de mi casa a altas horas de la madrugada expulsando a algún borracho del bar, era un tipo de media estatura, con la cabeza afeitada, barba muy poblada y gesto de malas pulgas, aunque el tiempo en el que había estado hablando parecía muy seguro de si mismo y ser racional, yo también habría disparado para defender lo que es mío y después me habría asegurado que no le hubiera mordido nadie.
Cuando me eché suficiente agua en la cabeza como para espabilarme abrí la puerta del aseo y entré en el bar, había una pila de muertos en una esquina, serían unos 15, de ellos manaba un gran charco de sangre que bañaba todas las mesas y sillas que estaban volcadas en el suelo, todas menos una mesa y dos sillas que parecían impolutas, allí estaba el tipo sentado en la silla, con los pies encima de la mesa, mientras veía en la tele una película de vaqueros antigua, al fondo parecía haber movimiento en la cocina y salía humo de ella, la señora estaría haciendo la sopa, una escopeta de dos cañones se encontraba encima de la barra apuntando hacia la puerta, ya sabía a que arma había sobrevivido, y la puerta por donde había entrado tenía un agujero enorme que había sido tapado por la pizarra de escribir el menú.
-Vaya, funciona la televisión, ¿hay conexión?- dije optimista de que todo hubiera acabado y poder verlo en las noticias.
-Ojala muchacho, he puesto el vídeo, es mi película favorita, cuantas veces he querido ser Clint Eastwood…. las televisiones conectaron enseguida tras destaparse la epidemia de caníbales o lo que sean, pero la señal se fue una hora más tarde y no funciona ningún canal desde entonces, pero eso no fue lo peor, ya que como podrás ver, asistimos a la epidemia en directo…- Respondió mientras apagaba la televisión.
-¿Tú solo, bueno, y tu madre habéis matado a los 15?- Pregunté sorprendido.
-Bueno…. verás… esto no era un bar corriente… como ya te habrán contado por ahí…- dijo dubitativo aunque enseguida pareció dejar de lado las dudas y habló con franqueza.
- Sin más tonterías, aquí el Jefe tenía un punto de venta de droga y yo era el encargado de mantener ‘la paz’ en el garito y la droga a salvo, así que cuando todo se vino abajo cogí a mi madre que es la cocinera del bar y nos encerramos en el almacén trasero, cuando salí tiempo después cuando ya no escuchaba nada a través de la puerta, me encontré toda esta carnicería, y lo siguiente que vimos fuiste tú así que creí que esos seres volvían a entrar… y ya conoces esa historia… mientras mi madre intentaba curarte y te revisaba yo amontoné todos los cadáveres y dejé una zona limpia para nosotros…-
Me costaba asimilar tanta información de golpe e intentaba ordenar las ideas para realizar la pregunta más adecuada, el Jefe, la droga… me daba igual, lo que necesitaba era confiar en alguien y parecía que me estaba diciendo la verdad, eso explicaba porque la cerradura de la puerta de arriba estaba abierta…
-¿Y esa escopeta?- pregunté por preguntar algo…
- Como ya te he dicho yo era el encargado de la paz del bar, y como comprenderás a este sitio viene gentuza y drogatas de todo tipo por lo que el Jefe me la dio para “imponer” un poco más a los clientes.- dijo convincentemente.
-¿El Jef…- no me dejó terminar.
-No tienes que preocuparte por él, yo mismo he empujado sus restos descuartizados hasta esa esquina, era un tipo que controlaba varios garitos de la Región, y este era el de este pueblo- describió aún más convincente que antes cuando de repente salió de la cocina la mujer con tres platos de sopa en la bandeja, los colocó en la mesa, y levantó una de las sillas tumbadas en el suelo para colocarla junto a las otras… nos disponíamos a comer, tenía más hambre que un perro callejero.
-Por cierto, ¿como os llamáis?- pregunté mientras me acomodaba en la mesa.
-Oh si, yo soy Robert y mi madre es Samanta.- Dijo con media sonrisa en la boca.
-Encantado, yo soy Yon- respondí con la otra media sonrisa ya que por fin me encontraba a salvo y con gente de confianza, en un ambiente familiar…. tan familiar que enseguida recordé a mi familia y pensé que ya había perdido demasiado tiempo, quizás todavía necesitaran mi ayuda, pero ahora no, solo quería 15 minutos, comer tranquilamente, hablar, después llegaría el momento de volver a entrar en acción.
CONTINUARÁ
