Es una sensación extraña, porque ese sentimiento de no defraudar a mis padres actúa en mí como una obligación o un castigo del que no puedo huir, por si fuera poco, no puedo practicar lo que más me gusta en el mundo y lo que llevo haciendo desde que aprendí a andar, jugar al fútbol, justo cuando mejor me iban las cosas y había llegado a un equipo de tercera división, tuve una lesión gravísima, me había roto el tendón de Aquiles en un torneo de verano y al ser externo al campeonato oficial no me lo cubría el seguro de la federación de fútbol.
Tuve que ser operado por la Seguridad Social, por médicos que no están acostumbrados a este tipo de lesiones, llevaba un año entero con una rehabilitación durísima y ahora empezaba a recobrar toda la capacidad de movimiento, el caso es que estaba faltando a clase varias veces, le pedía a un compañero que me firmara la asistencia mientras yo cada mañana llenaba mi mochila de ropa deportiva y me iba al polideportivo del pueblo para intentar volver a coger la forma, durante la rehabilitación había estado casi 4 meses con la pierna escayolada sin poder moverme, tiempo que aproveché para bucear en el mundo del cómic y del cine, un género por encima de todos me llamó la atención, el de zombies, estaba enganchado, me puse al día en el cómic de “The Walking Dead” , a diferencia de muchos, yo me enganché al papel tras ver la serie, y tras visualizar varias películas había marcado como favoritas en mi videoteca “Zombieland” y “28 días después”.
Esa mañana volví a desayunar junto a mi madre, que solía preguntarme que tal me iba, yo respondía que me iba bien al instante, intentando cerrar la conversación, salía por la puerta con mi mochila y me dirigía hacia la parada del autobús ante la atenta mirada de mi madre por la ventana, tenía buen instinto y no se fiaba, supongo que esas cosas se notan… hasta que giraba la esquina, sacaba el mp3, veía pasar el autobús medio escondido en un portal abandonado y hacía camino andando hacía el polideportivo. El establecimiento está apartado a unos 3 kilómetros del pueblo, incrustado en medio del bosque de la comarca, para evitar que algún conocido me reconociera yo siempre me ponía la capucha de la sudaderay echaba por un camino secundario.
Una vez llegaba al establecimiento, me cambiaba de ropa y empezaba mi “día de trabajo”, todavía no podía machacarme a hacer ejercicio porque incluso podía ser perjudicial para la rehabilitación, así que solo hacía un poco de carrera continua, abdominales y estiramientos a un ritmo controlado. Aún me quedaba toda la mañana por delante porque tenía que llegar a casa a las 2, así que siempre llevaba en la mochila algunos de mis cómics e incluso el libro de un tipo que fue compañero mío de clase en la infancia, que cosas, yo aquí engañando a todo el mundo y este que era bastante tonto en el colegio ya ha escrito un libro....creo que quería leerlo para constatar que era una mierda, necesitaba que fuera una mierda.....
......Me acostaba en uno de los bancos que estaban más apartados, sacaba el cómic y siempre con la música puesta me tiraba como 2 o 3 horas respirando el aire limpio del bosque, e incluso llegaba a dormirme, como ocurrió en está ocasión....
CONTINUARÁ
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